martes, 28 de agosto de 2012

Renacer 14 | Año 4 | Agosto 2012 | Testimonios

LA EXPERIENCIA ES APRENDIZAJE,
ES LA FORMA CÓMO NOS IDENTIFICAMOS CON NUESTRA VIVENCIA

Llegar a esta comunidad, para mí, no fue tan sencillo; tal vez para ninguno. ¿Quién quiere exponerse al estigma que esto significa? Sin embargo, ha sido una fortaleza. 

Al llegar a A.A. tenía la certera convicción de que este problema era algo momentáneo; no cabía en mi cabeza que estuviese aquejado de alcoholismo.  Esta condición no era mi afección, mi enfermedad radicaba sólo en simples crisis de pánico: enfermedad  que se desencadena por el excesivo consumo de sustancias, que no es la única causa, y donde todas se relacionan a fuertes episodios de estrés. Para mí cabían todas las otras posibilidades, menos el alcoholismo.

Pasé un periodo consultando una Psiquiatra, enseguida me diagnosticó el problema con la bebida; en este tiempo me recomendó asistir a grupos de autoayuda, hacerme a la idea de dejar de beber. Me consultó si era capaz de parar por mi cuenta,  o si era posible que necesitara Antabus; yo podía parar, mi mente lo soportaría por un tiempo.
Dentro de la terapia y de las conversaciones con la Psiquiatra, van surgiendo situaciones de las que un alcohólico se sirve para disfrazar la realidad, y que te habilitan para beber. A los 6 meses bebí y continúe asistiendo a terapia, fue una prueba; me acuerdo que no me gustó y que bebí muy poco ese día, sentía todo fuerte y hasta el vino lo encontré desconocido. Esto me dio confianza, pues me decía que había logrado sanarme.  

Volví a mi senda – menos frecuente – pero en progresivo aumento, mejorando el gusto y con distancia; las resacas eran más intensas cada vez. Fui en busca de nuevos horizontes a Buenos Aires, continuando mi tratamiento en esa ciudad. La otra doctora no se alborotó que bebiera, pues preguntó si lo estaba controlando: esa era mi gran mentira. El siguiente mes asistí a control, donde no estaba la Psiquiatra y en su lugar estaba otro médico; este me las cantó claritas. 

Regresé a Santiago porque las cosas no salieron como preveía, para qué mencionar los episodios que me demostraban que no estaba como pensaba. Retomé mi terapia, pensé que ella me devolvería algún día el juicio.

Salieron más borracheras; choqué el auto – afortunadamente sin daños a terceros –, me sacaron de ahí. La Psiquiatra no me quiso atender más, no quiso ser responsable de lo que ocurriera conmigo.
Hoy agradezco su honesta decisión, pues me impulsó a buscar ayuda y a hacer caso. En total abandono, aunque con soberbia, llegué a este grupo de Fraternidad que me acogió.

Aquí aprendí de esta enfermedad – física y mental –, donde la derrota total es el único camino; me percaté de que mi voluntad no sirvió hasta que la puse a favor del alguien superior; sólo ahí comencé a caminar, es todo o nada.

Este camino me ha hecho recuperar mis valores,  la dignidad. Hoy llevo un año nueve meses sin beber y prácticamente la obsesión ha desaparecido, creo tener mejor juicio y lo que espero  es no darme de alta.


Wladimir S.
Grupo Fraternidad

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