lunes, 28 de mayo de 2012

Renacer 13 | Año 4 | Mayo 2012 | Testimonios

JAMÁS ME IMAGINÉ ESCRIBIR ESTAS LÍNEAS

Soy Isabel, tengo 41 años no tengo hijos, no los puedo tener, como siempre digo "salí con falla de fábrica", esta es la gran pena con la que ya he aprendido a vivir. Hace 5 años comencé mi carrera alcohólica, soy hija de una mujer alcohólica (ella murió hace unos años producto de lo mismo), sé lo que se sufre vivir con una persona alcohólica y lamentablemente eso fue exactamente lo que les hice pasar a mis hermanas, sobrinos y en especial a mi esposo.

Yo vivía sola con mi madre, mis hermanas estaban casadas y tenían hijitos pequeños, mi padre había muerto el año 79' y mi único hermano hombre también había muerto el año 88' (todavía lo extraño muchísimo). En mi juventud, viviendo con mi madre, me daba vergüenza llevar amigos a la casa, porque no quería que se dieran cuenta de que ella era alcohólica, me daba mucha vergüenza y rabia. Rabia y vergüenza, que años después hice sentir a  mi familia y mi esposo.

Luego de casi no beber (por la experiencia que viví con mi madre), pasé a beber socialmente en una fiesta o en alguna reunión con amigos, uno o un par de tragos suaves. Fue cuando me separé de mi esposo en el año 2005 (estuvimos 9 meses separados) cuando, sin darme cuenta, comencé a beber en forma paulatina.

Comencé bebiendo una, o mejor dicho, unas copitas de vino al almuerzo, o mientras cocinaba, pero luego de un tiempo me di cuenta de que no podía parar de beber hasta acostarme.

Jamás bebí en la mañana y con eso pensaba que no estaba tan mal, pero hace un poco más de un año comencé a beber sin control,  todos los días hasta llegar a perder la conciencia.

Yo trabajaba en una empresa como secretaria, viajaba al otro extremo de la ciudad en auto pero eso no era problema, jamás bebí manejando, ni tampoco cuando estaba trabajando, lo hacia sola en mi casa. Al salir de mi pega pasaba a "mis picadas" a comprar una cajita de vino o unas petacas de whisky, ron o pisco, lo que pudiera ocultar en mi cartera para pasar inadvertida, y para que nadie me sermoneara.

Pero esto se volvió una locura cuando me quedé sin trabajo, tenía el dinero y el tiempo para beber a mis anchas, la soledad era mi aliada. Mi esposo y mi hermana (que vive con nosotros) trabajan, por lo que no había problemas, me quedaba todo el día sola para hacerlo. Mi hermana que también supo lo que era vivir con una persona alcohólica, sabía perfectamente en lo que yo andaba. No la podía engañar, pero para que yo no tuviera más peleas y enojos con mi esposo, callaba. A mi esposo lo manejaba y le actuaba para que no notara al nivel que yo estaba llegando, siempre estuve consciente de mi enfermedad, lo viví con mi madre e incluso traté de ayudarla, pero ella nunca reconoció su alcoholismo

Luego de mi última y gran borrachera, el 9 de junio del año pasado y de haber hecho un gran show donde me comporté como un verdadero “monstruo”, fue que mi esposo se comunicó con A.A. y decidió llevarme. ¡¡¡Gracias a Dios lo hizo, hoy ya no bebo ni me dan ganas de hacerlo, me siento tan bien!!! Recuperé mi libertad, porque mientras estuve en el alcohol, estuve en una prisión, presa de la angustia y del dolor, hoy volví a ser feliz, he recuperado mi corazón y el amor a mí misma.

Gracias amigos de A.A.... 
en especial a mi grupo, los quiero mucho.
Isabel

Santiago Mayo, 2012.

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