miércoles, 28 de noviembre de 2012

Renacer 15 | Año 4 | Noviembre 2012 | Testimonios

FELIZ DE CRECER Y SER UN MEJOR SER HUMANO

Nunca pensé que llegaría a la comunidad de A.A. hasta que entendí que mis problemas con la bebida no eran causales ni circunstanciales; más bien, eran el reflejo de todo mi ser interno.

Mi carrera de bebedor comenzó cuando tenía 15 años; tanta fue la consideración que le brindé al alcohol que – en algún momento de mi vida – perdí la capacidad de escoger cuáles serían los momentos propicios para beber; el trago, de cualquier forma en la que se presentara, me tentaba a tomarlo y dejarlo a su voluntad.

Recuerdo que durante mis últimos tiempos de bebedor activo, solía pensar irónicamente que la sombra de mi cuerpo tenía forma de botella; aquella era la manera que tenía de reconocerme a mí mismo que el alcohol formaba parte de mis cualidades principales como individuo.

Cuando recibía invitaciones de “amigos”, conocidos, poco conocidos o de quien fuera, sabía que iban a ganadores conmigo; de acuerdo a cómo funcionaba mi mente, existía un 90% de probabilidades de que yo accediera. No importaba el día o la hora, siempre me sentaba bien una copa.

Esta forma tan indiscriminada de vincularme con el alcohol me trajo inconvenientes en muchos ámbitos: familiar, laboral y amoroso; ellos, al igual que yo, atesoran historias dignas de olvidar.

Con mi actitud arrebatada y una escasez de vergüenza – causada por mis constantes irresponsabilidades – perdí trabajos, polola, dinero y dignidad; pese a ello, siempre lo atribuí a mi mala suerte o a que las personas estaban en mi contra.

El escenario perfecto para beber con pasión eran aquellos lugares donde se reuniera mucha gente que bebiera igual que yo: hasta emborracharse. Me fascinaba el carrete descontrolado, donde pudiera presumir “mi simpatía” y seguridad para relacionarme con cualquier persona; ese era el hábitat preferido donde podía lucir, sin críticas, mi personaje alcohólico.

Después de mis borracheras desperté, muchas veces, con cargo de conciencia por actos indebidos, pérdida de mis pertenencias o incumplimiento de compromisos.

Era el infierno posterior a la diversión, el momento en que mi cabeza se llenaba de inseguridades debido a mi sobre-exposición; en esos momentos, sólo deseaba desaparecer o que nadie me conociera. Justo ahí aparecían frases como “no vuelvo a beber nunca mas”, “tiempo al tiempo...todo se olvidará”, o “¿cómo se supera un mal carrete?... ¡¡¡con uno bueno!!!”

La vida parecía ser así: agobiante, sin doble lectura. Estaba rodeado de lo que supuestamente más quería, lo que pensaba que me hacía feliz; sin embargo, no lo era porque sentía una permanente inconformidad y vacío en mi interior.
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Risas con alcohol y problemas provocados por el mismo. La transición de mi adolescencia a la etapa de adulto – joven, se caracterizó por grandes e incomprensibles aventuras que me hicieron caer bajo, una y otra vez.

En A.A. pude tomar consciencia de aquellas situaciones y darle la seriedad que corresponde a mi enfermedad; no fue fácil aceptar que – por mi bien – debía negarme a la primera copa. Ahora, después de un par de meses que llevo asistiendo a reuniones, logré entender que – dada mi condición de alcohólico – nunca aprenderé a beber moderadamente.

Aún estando en la comunidad, he pasado por altos y bajos, con recaídas incluidas; hasta pensé en retirarme por no sentirme capaz. No obstante, he logrado cerrarle la puerta a mi vieja forma de enfrentar la vida y decidí perseverar en esta hermosa comunidad. Cada uno de los testimonios que escucho, me inspiran.

Esta comunidad me brindó la oportunidad de reconciliarme con mi Poder Superior; con él, cultivo una relación diaria y éste me retribuye con paz y sensatez para tomar mejores decisiones. Además, aquí encontré la esperanza que puedo tener un futuro mejor, junto a mis compañeros, a quienes estimo y respeto por cada palabra de aliento y alegría que me entregan al verme en sobriedad.

Mientras más pasa el tiempo, más me convenzo de que éste es mi lugar, que Dios me trajo aquí, y que debo desechar cada pensamiento y posibilidad de volver a tomar; sé que ésta es una oportunidad divina, que no puedo ignorar. Al contrario, espero retribuir dedicándome a servir a la comunidad de A.A. ya que así logro un mayor compromiso; me hace feliz el saber que puedo crecer y ser un mejor ser humano. Siempre con precaución y humildad, recordando que llegué a este lugar con una gran necesidad: la de mejorar mi vida. Si no soy constante, puedo volver a cero.


Soy un agradecido de poder pasar mi tiempo en A.A.

Gonzalo C.


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