miércoles, 28 de mayo de 2014

Renacer 21 | Año 6 | Mayo 2014 | Testimonios

LA RENDICIÓN FINAL DEL EGO

No sé bien como empezar este testimonio, soy un recién llegado. Llevo un poco más de dos meses en A.A. y trataré de contar mi experiencia como alcohólico.

Mi vida de alcohólico comenzó como a los 20 años, es decir, ya llevo como 30 con la enfermedad.

Me he podido dar cuenta a través de los testimonios de compañeros del grupo, que uno de nuestros peores, sino el peor enemigo, es el Ego.

En mi caso tuve la oportunidad de aprender, por diversas circunstancias, todas y cada una de las características de un alcohólico, tanto biológicamente como de personalidad. Ahí entraba el Ego y el autoengaño. No sé si considerarme un alcohólico intermitente o uno de “tiro corrido”, ya que pasaba por los dos estados indistintamente. Pasé muchos años de sobriedad y estaba contento. Con trabajo, pareja y relativamente independiente. Eso me llevó a aumentar la confianza en mí mismo y eso me llevaba inevitablemente al “agrandamiento” de mi Ego, que ya era grande.

Caía en el consumo por largos períodos, en los cuales creía que no dañaba a nadie ya que soy un “borracho solitario”, me encerraba donde fuera, solo, a tomar hasta no poder. Despertar al día siguiente era un tormento, con esa sensación de culpa y la típica auto recriminación de “cómo pude ser tan tonto”. ¡Tonto yo!, yo que me las sabía todas, que sabía el daño que producía en mí el alcohol e insistía en beber. Creía que con estas borracheras solitarias no le hacían daño a nadie más que a mí solamente, ahora me doy cuenta de todo lo que perdí, amigos, pareja, y también laboral y académicamente, perdí mucho.

No me daba cuenta del daño que causaba a las personas que me aman, aunque yo estaba seguro que nadie me quería y, como yo reconocía mi alcoholismo y mi circulo lo sabía, me refugiaba en eso de “pobrecito, está enfermo”, como estaba enfermo, seguía tomando, total, estaba enfermo.

Perdí la cuenta de las veces que me internaron en clínicas, al principio a la fuerza, luego era voluntario. Descubrí que en las clínicas te desintoxican, te cuidan, te alimentan y para la casa. En mis últimas internaciones hasta lo pasaba bien, nunca faltaba otro alcohólico que, según yo, todavía no llegaba a la locura, y con el cual poder compartir y manipular todos los pabellones de la clínica.

Mi psiquiatra al inicio trataba con todo tipo de fármacos y diagnósticos, me pusieron el pellet. Pero, igual tomaba con pellet, sólo me picaba la cara, y de vuelta a la clínica.

Pasaron muchos años de entradas y salidas a la clínica, dos semanas, tres semanas a lo más y para la casa. Pasaban un par de meses y vamos tomando de nuevo con la misma culpa. De verdad, me sentía culpable, pero había descubierto la fórmula para quitar la culpa de ese primer trago, ¡otro trago! Y así pasaban los años.

Muchas personas me sugirieron acercarme a Alcohólicos Anónimos pero mi respuesta era siempre la misma: “que van a saber esos viejos borrachos de alcoholismo si yo me conozco la parte clínica y empírica”. Era tan patético, así lo veo ahora, entonces era mi verdad, y mi verdad valía más que la de cualquiera.

Mi última internación sí que me marcó y quizás comprendan por que el título de este testimonio.
Era cerca de mi cumpleaños, fecha fatal para mí ya que suelo caer en esa fecha. La verdad es que recuerdo muy poco. Sólo recuerdo los primeros días, lo que vino después fue lo que colmó el vaso, pero no aún, faltaba.

No me pregunten de fechas, pero desperté en la clínica, que en ese momento no sabía que lo era, con oxigeno, mangueras por todos lados y sin poder moverme del dolor y apenas poder respirar. Fueron días muy duros, fue el resultado de mis años de alcoholismo. Una diabetes severa me había llevado a un casi coma, me había caído en mi casa y quebrado tres costillas, un brazo roto y la cabeza partida, además de no poder respirar. Esto me lo contaron después, yo creía, con una angustia muy fuerte, que había chocado o me había tirado por el balcón o cualquier cosa. Estaba absolutamente inconsciente de lo que había pasado. Tan mal estaba que incluso en un principio en la clínica no me querían recibir, era caso perdido.

Ya no era tema sólo de psiquiatras, no, vinieron los internistas, cardiólogos y diabetólogos. Me sentía morir, lo que duró varios días ya que no podía ni siquiera moverme en la cama. Pero pasó lo inevitable, cuando comencé a sentirme mejor empecé a pensar “otra pasadita por la clínica”, así de loco estaba.

Mi psiquiatra no me visitaba, no había para qué, había que recuperar la parte física primero. Cuando llegó la hora del psiquiatra (el que me conoce hace mucho e incluso trabajamos juntos), estaba muy molesto, pero no decía nada. Sólo se preocupaba de la parte de la diabetes y las fracturas. Así pasó un mes, lo siguiente lo tengo grabado a fuego, era un día jueves en la mañana y  textualmente me dijo: “¿hasta cuándo te haces tonto a ti mismo? Si no haces algo te mueres, y rápido, ¿por qué no averiguas sobre AA? El domingo te vas para tu casa, contigo no hay tratamiento y tú lo sabes. Haz lo que quieras”. Yo hervía de rabia, cómo él me hablaba de esa manera, qué se habrá creído. Sólo me quedé callado hasta que se fue.

Viernes en la mañana, salgo de mi pieza a tomar desayuno y me encuentro con unos carteles pegados sobre una charla que iban a dar en la clínica el sábado a mediodía algunos miembros de Alcohólicos Anónimos. No le hice mucho caso al cartel en un principio, pero después pensé “vamos a ver de qué se trata”.

Fui a la charla y cuán grande fue mi sorpresa cuando me encontré con personas normales, iguales o mejores que yo, cálidas y lo más importante para este Ego que no se rendía jamás, decían cosas sensatas.

El domingo estaba en mi casa y me tomé dos días para ambientarme, cuando me vino la rendición, me fui a mi primera reunión de mi grupo. Entré con todos los perjuicios que tenía, pero a los pocos minutos estaba absolutamente relajado, escuchando testimonios de compañeros que creía que me habían copiado mi vida. Me recibieron amablemente, sin aspavientos ni alegorías, cosa que me gustó aún mas, pero todavía no me había dado cuenta lo afortunado que había sido, justo ese miércoles comenzaba el “Taller de Pasos”, es decir, en mi primera reunión hice el paso uno y en un poco más de un mes ya estaban hechos los doce pasos. Me costó, y mucho, pero conté con la ayuda de mi padrino y de compañeros.

Tengo muy claro que esto es sólo el principio de un largo camino, de un programa que hay que aplicar todos los días, día a día, de a uno, cada 24 horas, pero en mi ha dado resultados. No he sentido ganas de tomar ni he estado cerca de ello. Recién comienzo el camino como les decía, no estoy “feliz”, pero estoy tranquilo, una tranquilidad que nunca antes había sentido. Me levanto en las mañanas con otro ánimo y hasta diría que con otra mirada de la vida, los que me conocen de antes me dicen que hasta estoy caminando distinto, que ya no parezco abrumado y no ando con el ceño fruncido todo el día.

Todo esto es gracias a mi Poder Superior, mi grupo y mis compañeros. Ha sido y seguirá siendo una experiencia enriquecedora, estoy en paz con la gente que quiero y con la que me quiere, ahora mi única preocupación son las 24 horas.

Para terminar quiero agradecer infinitamente a todas estas personas, incluyendo amigos y familiares que me han ayudado en este camino que recién empiezo a recorrer.

Felices 24 Horas

Anónimo

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